Quini, tú sí fuiste el mejor del mundo

quini enrique castro

POR OSVALDO MENÉNDEZ. Secretario General de la AEPD y miembro de la Asociación de la Prensa Deportiva de Asturias.

Vivimos el fútbol repitiendo una y otra vez frases como estas: “es el mejor delantero del mundo”, “es el mejor lateral derecho del mundo”, “es el mejor portero del mundo”, “es el mejor entrenador del mundo”, “es el mejor…..”.  Un día es uno y otro día es otro. Un día tiene un nombre y al siguiente otro. Son simplemente fórmulas de expresión que nos invaden y si soy sincero no me agradan.

Ha tenido que marcharse mi Brujo Quini de nuestro lado, que no de nuestro corazón, para que por fin escuchemos de su voz la frase más grande del deporte del fútbol de casi toda la vida. La leo en La Nueva España y la escucho en un vídeo que sale ahora a la luz:

“…. yo creo que lo máximo que puede tener una persona es que te valoren como humano y no como futbolista, ¿no? Entonces, en ese sentido….. yo me considero el mejor del mundo porque vaya donde vaya la gente te recuerda siempre con mucho cariño”.

Tuve la gran fortuna como periodista deportivo de vivir los mejores momentos de Quini en el Sporting, vi como Miera lo concentraba un día antes que a sus compañeros para que pudiera dormir para que su hijo recién nacido le dejara descansar. Le vi ser un ejemplo en todos los campos, le vi ser la estrella de la Selección española, pasé todos los días de su secuestro viviendo en Barcelona como enviado especial de Diario 16 esperando que saliera del zulo, le vi completar una vida deportiva preciosa y le estaba viendo seguir con su Sporting hasta hace unas horas.

Y es verdad, era normal, te hacía feliz con sus gestos, con sus palabras, con su forma de ser. Era un ejemplo. Como él dice ahora era “normal”, hacía el bien y jugaba al fútbol. Hermoso sería que se editara todo lo que hizo mi Brujo Quini para que los futbolistas de ahora, y sobre todo los que comienzan en las canteras de todos los clubes de España, lo pudieran leer y aplicar en su vida dentro del campo de juego, en el colegio, en el instituto, en la universidad, en casa y en la calle. Con eso me sentiría feliz.

Y también lo sería y lo seré si los jóvenes periodistas deportivos de hoy y de mañana pueden escribir y vivir junto a las nuevas estrellas del fútbol español de la misma forma que yo lo he podido hacer junto a Enrique Castro. El sí era el mejor del mundo.

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